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LA INDIA - HISTORIALOS TALIBANES DEL HINDUISMO




EL TRIDENTE NACIONALISTA


El BJP es el aparato político del nacionalismo, mientras que el Consejo Mundial Hindú (CMH) es su brazo religioso. Las dos organizaciones y la más minoritaria Bajrang Dal, que sería una especie de sindicato, forman el tridente nacionalista nacido de la célula madre, el Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS). El RSS tiene una estructura y funcionamiento comparables al de la Falange española y defiende una India totalmente "hinduanizada". En teoría, el RSS marca las directrices para todas las entidades nacionalistas, aunque Vajpayee ha reivindicado siempre la independencia de actuación del BJP.

Vajpayee, como todos los dirigentes del BJP, han sido miembros del RSS, los llamados "sevaks", militantes a modo de luchadores por el hinduismo, y no han renunciado a esta condición hasta que han tenido que ocupar cargos públicos. Los partidos de oposición indios han denunciado que el BJP está controlado por el RSS, al que tildan de célula fascistoide y que ya controla unas 4.000 escuelas privadas en toda la India. El primer ministro se ha encargado de contener las reivindicaciones radicales del CMH y del RSS, que podrían llevar a estallidos sociales como en el caso de Ayodha.


EL 12 de Marzo de 2002 era la fecha límite que había concedido la facción más radical del nacionalismo hindú para iniciar la construcción de un templo en el lugar donde hace diez años fue destruida una mezquita, pero la violencia interreligosa ya ha estallado en India.


Un policía patrulla frente al cadaver de un musulmán incinerado en Gujarat
El primer ministro indio, Atal Bihari Vajpayee, que antes de dedicarse a la política ejercía de poeta, escribió hace 17 años, cuando el nacionalismo hindú era todavía un movimiento marginal: "Hemos alcanzado otro hito/ Cuántos quedan por delante, nadie lo sabe/ Nadie sabe cuándo el destino final llega/". Ahora, tras tres años de gobierno ininterrumpido del Bharatiya Janata Party (BJP, Partido del Pueblo Indio), las dudas sobre la capacidad de Vajpayee para controlar a los sectores más intolerantes y fascistoides del nacionalismo han vuelto a surgir con fuerza.

Tras la masacre del tren de Godhra, en el estado de Gujarat, el pasado miércoles, han muerto unas 400 personas producto de las represalias. Vajpayee calificó ayer de "vergüenza nacional" los incidentes y pidió calma a la población, pero India sigue inmersa en la peor oleada de violencia religiosa desde 1992, cuando la destrucción de la mezquita de Ayodhya provocó sangrientos enfrentamientos entre hindúes y musulmanes por todo el país, con un balance de 3.000 muertos.
La continuidad de los disturbios dependerá, además del control de las unidades del Ejército desplegadas por el Gobierno indio, de la actitud del Consejo Mundial Hindú (CMH), la institución que se ha mantenido inflexible en la cuestión de Ayodhya y que ha lanzado el ultimátum del próximo día 12.

Esa fecha ha sido fijada para comenzar la construcción de un templo hindú en los terrenos donde en 1992 fue saqueada la mezquita Babri, con el argumento nacionalista de que ese era el lugar de nacimiento del héroe Rama, una de las reencarnaciones mitológicas de la deidad Vishnu y protagonista del libro sagrado "Ramayana". Desde hace años el CMH ha contratado y ha pagado en Ayodhya a una legión de peones que están esculpiendo las columnas del futuro templo. Y en los últimos meses ha favorecido un peregrinaje a Ayodhya de devotos para presionar al Gobierno. Un grupo de esos peregrinos hinduistas, que regresaba de Ayodhya, fueron las víctimas del incendio del tren en Gujarat.

Vajpayee, de 78 años, representa al ala más moderada del nacionalismo hindú, un movimiento que surgió como contraposición al concepto de India laica y democrática secundado por Jawaharlal Nerhu, jefe de Gobierno tras la independencia en 1947, y cuyos primeros militantes fueron responsables del asesinato del Mahatma Gandhi. Bajo el liderazgo de Vajpayee, el BJP ha llegado al poder, pero se ha visto obligado a formar coalición con más de una docena de partidos regionales que le han impedido aplicar de forma efectiva su agenda "hinduizadora", que incluía puntos polémicos como la aprobación de un código civil único (hasta ahora diferente para hindúes y musulmanes).

Capaz de resistir las presiones de sus correligionarios, el primer ministro hizo pública el mes pasado la postura oficial del Gobierno: los jueces, que instruyen el caso desde 1992, deben decidir sobre la construcción del templo. Sin embargo, en los últimos meses Vajpayee ha propulsado otras medidas que reflejan el auge del nacionalismo tales como la revisión de los libros de texto escolares, en cuya nueva versión se describe el dominio de los mogoles musulmanes como una época oscura y decadente de India.

El año pasado Gujarat ocupaba portadas de la prensa internacional por el terremoto que devastó la región de Kutch. Cuando el pasado enero se cumplió el primer aniversario del temblor, el Gobierno obligó a las escuelas del estado a realizar unos rituales hindúes que normalmente llevan a cabo los seguidores del BJP. Después ha llegado la ola de odio religioso. Los musulmanes constituyen el 14% de la población -unos 140 millones- y son la minoría religiosa más numerosa.

Un líder radical apuntó en plena campaña electoral del año 1998 que Vajpayee era la "máscara" del BJP. El primer ministro ha exigido en los últimos meses a Pakistán que erradique el terrorismo islámico que opera en India pero, mientras, el fenómeno de los radicales hindúes -una versión hinduista de los talibán islámicos que llegan a sugerir cambiar la democracia por un consejo de notables- va cogiendo forma. La disputa de Ayodhya determinará su fuerza y pondrá a prueba la convivencia tradicional de India.


FUENTE:   Artículo publicado por "LA VANGUARDIA" el 11 de Marzo del 2002


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