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LA INDIA - HISTORIAUn enfoque más sobre la situación política actual



Después de Austria: el nazismo hindú


Un análisis imprescindible para comprender el problema de la India
a partir del reciente triunfo fundamentalista


Las renovadas y terribles persecuciones que sufren los cristianos en manos de los hindúes según nos informan las publicaciones de estos días, nos llevan forzosamente a la necesidad de comprender el fenómeno que se vive en la India.

La doctrina de vértigo informativo, que obliga a los medios a colmar sus espacios con información fresca y casi en línea produce en el público espectador una sensación primera de estar informado y una segunda de vacío intelectual porque no se produjo verdadera comprensión. No hay tiempo para estudios, seguimientos, explicaciones. Sólo basta, en los medios, una pequeña nota de reseña y a editar.

Por este fenómeno, el lamentable triunfo de Atal Behari Vajpayee es incomprendido por la mayor parte de los occidentales y las consecuencias, por lo mismo, difíciles de calcular para occidente.

En busca de la ‘estabilidad’

El retiro del apoyo parlamentario del Partido del Congreso en noviembre de 1997 a la coalición gubernamental provocó elecciones anticipadas que tuvieron lugar entre el 23 de febrero y el 7 de marzo del año siguiente. Pese al desastre que se anticipaba, era previsible la escisión desde las consultas realizadas en la primavera de 1996.

La convulsionada India veía una vez más amenazada su seguridad por las rencillas internas.

Hasta entonces, el izquierdista partido gobernante Jan Morcha (Frente Unido) se encontraba conformado por catorce partidos que variaban entre las facciones comunistas y los socialistas del Janata Dal. Desde entonces, ningún partido obtiene la mayoría absoluta.

De acuerdo a la tradición hindú, la falta de mayorías en las elecciones legislativas significaba la ratificación del mandato del partido del Congreso.

Así Indira Gandhi pudo gobernar en 1980 y Narasimha Rao en 1991, tras la alternancia de poder en 1989 con Vishwanath Pratap Singh.

El irrefrenable desgaste y corrupción que sufrió el Partido del Congreso, con su cadena de subdivisiones y facciones opuestas, proscribió del poder al partido gobernante que, desde la desaparición de Rajiv Gandhi en 1991, soporta además una grave ausencia de liderazgo.

A partir de entonces, decenas de miembros del partido se pasaron al Partido del Pueblo Indio (Bharatiya Janata Party, BJP), la principal coalición nacionalista hindú. El desarrollado olfato político les anunciaba las mayores probabilidades de éxito militando en un partido que crecía agitando la xenofobia y el sentimiento ‘purismo’ nacional.

El pueblo percibió, como e lógico esperar, este descarado oportunismo y desangre partidista.

Con la velocidad que caracteriza a este pueblo se produjo la reacción del Partido del Congreso. Enarbolando su compromiso con la esposa de Rajiv, Sonia Gandhi, entró demasiado tarde y lento en la lucha por la popularidad. Así observaron, por primera vez en mucho tiempo, cómo en algunas zonas no obtuvieron un solo escaño.

El Frente Amplio, por otra parte, sufrió una derrota escandalosa: de 174 escaños que poseía se tuvo que conformar con apenas 98. Todos los partidos que ocupaban el poder retrocedieron. Los casos más impresionantes atacaron al Janata Dal en Karnataka, Dravida Munnetra Kazhagam en Tamil Nadu, al Shiv Sena en Maharashtra y al Bharatuya Janata Party en Rajastán.

El nacionalista BJP progresaba, sin embargo, creciendo hasta alcanzar con rapidez el 25 por ciento de los votos y 178 escaños. Sólo 100 le faltaban para alcanzar la mayoría absoluta.

Hasta entonces sólo gozaban de las simpatías de los sectores urbanos de las clases y castas superiores con dominio en el norte y oeste del país.

Un poco de historia

El fenómeno nacionalista hindú (salvo en las particularidades religiosas muy semejante a los movimientos occidentales como el austríaco o alemán) se constituyó a partir de los años veinte en torno a la Asociación de Voluntarios Nacionales (Rashtriya Swayamsevak Sangh, RSS), una asociación consagrada a "reforzar" y "fortalecer" a los hindúes frente a la minoría musulmana de aquel tiempo. De paso, la minoría cristiana sufrió el embate de intolerancia y fanatismo religioso de los voluntarios del RSS.

A modo semejante del Movimiento Nacional-Socialista alemán de esa época, se estableció una red nacional de ramas locales que se reunían diariamente en sesiones de entrenamiento de artes marciales. Al entrenamiento paramilitar se le añadían los sermones ideológicos inflamados que no que sería sino la versión hindú del ideal nazi del Kulturkampf, que era coreado por fervorosos de militantes: "Hindu, hindi, hindustán" ("Un pueblo, una lengua, un país"). Había 25.000 ramas que agrupaban a más de dos y medio millones de seguidores.

La gloria se combina con una nebulosa gris y expansiva: a partir de los cincuenta sus hombres controlarán uno de los principales sindicatos de estudiantes, el primer sindicato obrero del país, una poderosa red de escuelas muy apreciadas por la clase media, asociaciones dedicadas al "trabajo social" en zonas tribales o en postergados suburbios, etc.

Vigilando el poder, crea un partido político para las elecciones de 51-52: Asociación del Pueblo Indio (Bharatiya Jana Sangh, BJS)

Esta rama activa en política contingente crea un discurso nuevo: no es exclusivismo hindú solamente su lucha (no se restringe a eso por lo menos) y sus causas son más globales y totalizadores, captando de paso las necesidades del resto de la población para atraer más votos y ganar más poder.

Para las elecciones del 67 organizan una movilización social con claros fines populistas: la defensa de la vaca. Recorren las calles e invitan a los ciudadanos a protestar por la defensa del animal sagrado. El resultado es óptimo. Levantan inmediatamente un 10 por ciento de la votación a favor de ellos. Sin embargo, fue poco. Manejándose en medio de la situación, ofrecen al Janata Party (coalición que agrupaba a los principales partidos de la oposición) una ventajosa fusión. Así vencen a Indira Gandhi en 1977 y Atal Behari Vajpayee fue nombrado Ministro de Relaciones Exteriores. Entonces, como ahora, sorprende al mundo por su buena disposición para con el enemigo numero uno de la India: Pakistán.

Matrimonio con diferencias

La moderación centrista no tuvo buenos resultados. Los socios del BJS protestaban por las íntimas relaciones ‘extraconyugales’ que mantenía con el ultranacionalista RSS. Para solucionar el amago de divorcio, el Bharatiya Jana Sangh (BJS) se cambia el nombre: a partir de ahora se llamará Bharatiya Janata Party (su nombre actual). Y como buena pareja reconciliada, buscó proyectar la moderación hasta bien avanzados los ochenta.

El corazón extrañaba. Por ese entonces se alió nuevamente con el RSS en una nueva causa popular y previa a las elecciones: la "reconquista" del lugar supuesto del nacimiento del dios Rama en Ayodhya (una ciudad de Uttar Pradesh) donde en el siglo XVI se había edificado una mezquita. La protesta fue estimulada y alimentada hasta su apogeo a principio de los 90 y el triunfo en 1992 cuando masas de nacionalistas hindúes simpatizantes del actualmente gobernante BJP y del RSS demolieron el histórico edificio religioso. Y luego siguieron los desmanes fanatizados que arrasaron en Mumbai (Bombay) en diciembre del mismo año.

Incontroladas, las masas prosiguieron el torbellino de hambre de destrucción y 'purificación' nacional.Y esto le costó caro al BJP en las elecciones del 93 y se vio forzado a retroceder a los tiempos de moderantismo y centrismo electoral.

Sin embargo, el incendio de las masas enfervorecidas de Ayodhya significó un fuerte avance en el poder: de 2 escaños en 1984 a 86 en 1989 y de ahí a los 120 que logró en 1991.

La movilización ideológica y religiosa junto con un renovado discurso pacífico rindió frutos. En 1996 era el principal partido de la Asamblea con 161 escaños. Con una amplia sonrisa, los dirigentes del BJP invitaron a los musulmanes a que les votaran (!). Y el trabajo de obtención de poder se dividió en dos: Lal Krihan Advani (ministro de interior hasta la reciente elección que confirmó al BJP en el poder por aplastante mayoría) se encargaría de la vertiente militante e ideologizada y Vajpayee se haría cargo del ecumenismo. Así lograrán ampliar la votación y obtener el triunfo absoluto en las elecciones de estos días.

Pese a todo, no logran distanciarse ante las personas del Partido del Congreso y siguen siendo un partido mayoritariamente urbano (41%) y de castas altas (56%). Esto no significa que se distancie de las otras clases. Por el contrario. Sus manejos políticos le han permitido avanzar hacia las castas de baja condición, a menudo campesinos y los intocables. Comparativamente el BJP recauda el 46% de sus votos frente al 21% que capta el Partido del Congreso y el Frente Unido. Prestar apoyo a candidatos de castas bajas, tradicionalmente excluidos de la contienda electoral, fue la jugada maestra. Recordemos que más de tres cuartos de la población hindú pertenece a las castas inferiores.

Gracias al apoyo de sus aliados, el BJP logra obtener tamaña representación. En particular nos referimos al Shiv Sena, una formación nacionalista hindú y ferviente defensora de los intereses del Maharashtra cuya base social es más plebeya, y por sobretodo al Samata Party quien les brindó 12 escaños. El Samata Party recibe los votos de los kurmis, una de las grandes castas que cultivan la tierra en Bihar.

La gran clase media ve en el orden y el nacionalismo del BJP un sinónimo de estabilidad y defensa ante Pakistán, su tradicional enemigo.

La estrategia aliancista mantiene en el poder a Vajpayee y al BJP proyectándolos más allá de Karnakata y el cinturón costero. Así, son suscritos acuerdos en el sur y en el este. ¿En virtud de que? De ningún principio ideológico o moral, sino de enemigos comunes.

De vuelta a la raíz

Sin la formación en la demagogia pura que el Partido del Congreso sabe manejar por medio de compromisos, pactos y promesas, el BJP queda limitado y sin facilidades para continuar.

Su matriz en el RSS clama y fuerza a la cúpula a volver a sus orígenes y se produce una tensión dolorosa.

La mayoría de sus dirigentes provienen de este movimiento nacionalista y sus dirigentes locales se han mantenido en contacto con él.

La esposa y la amante del partido de Vajpayee tiran con fuerza de sus brazos. Por una parte sus pertenencias al Rashtriya Swayamsevak Sang lo obliga a no poder transigir o disolver la ideología ultranacionalista hindú que les dio origen e hizo llegar al poder. Por otra, sus aliados lo condicionan esta renuncia como una condición de apoyo.

Hasta tal punto llega este condicionamiento de fuerza que sus socios de coalición exigen el cumplimiento de estas promesas electorales: la construcción de un templo sobre os escombros de la mezquita de Ayodhya; el voto de un código civil uniforme que imponga la abolición de la sharía (ley islámica) como fuente de derecho personal para los musulmanes y la abrogación del artículo 370 que le confiere a Cachemira y a Jammu una autonomía que hace ver a los nacionalistas hindúes una fuente de separatismo.

Consecuencias imprevisibles

El aplastante triunfo electoral que tuvo en las recientes elecciones tanto Vajpayee como sus compañeros de poder se vuelve un factor de preocupación y temor por parte de los observadores internacionales.

Semejante resultado es interpretado por el poder hindú como una ratificación de sus líneas dura, nacionalistas, xenófobas y fundamentalistas.

Sólo en el último mes de campaña pre-electoral, por ejemplo, fueron asesinados 93 cristianos más en manos de militantes gubernamentales. El BJP y su ejército RSS recorren las ciudades hostigando a la población que ha estado en contacto con la fe de Cristo, cuando no se adelantan para ‘inmunizarlas’ ante cualquier amenaza vital

No dudan en mentir sosteniendo que se fuerza o compra a las personas el Bautismo ni tampoco tienen remordimientos por abusar y maltratar de religiosas, quemar vivos, apedrear o matar a más y más cristianos como ha venido siendo con maldad y fuerza redoblabas en los últimos años.

Los países de la zona no están menos convulsionados ni presionados por clamores populares o el fanatismo nacional y religioso.

La espada que Vajpayee lució como símbolo de campaña es una renovación y advertencia de su ideología fanática y altamente peligrosa para la paz mundial, la libertad religiosa y la estabilidad del sector.

Debe ser un signo elocuente que nos invite a reflexionar más en el asunto...



FUENTE:   
http://www.cristiandad.org/actualidad/india.htm

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